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  • La construcción lógica

    El orden de las palabras y el orden de las ideas

    Recordemos lo expuesto en el tema anterior: el orden sintáctico (sujeto, verbo, complemento) sólo nos interesa para los casos de duda. Insistimos en que la frase española no está sometida a reglas inflexibles: goza de holgura y libertad. El orden de las palabras se gobierna más por el interés psicológico (orden lógico) que por la estructura gramatical. Dicho de otro modo: al escribir, conviene seguir el orden de nuestro pensamiento porque el escritor, según dice Martín Alonso, «fabrica las frases a tenor de sus fenómenos mentales, cambiando, a veces, la distribución directa de los vocablos, para dar más valor expresivo o ritmo a determinadas formas del lenguaje».

    Todo ello, en la práctica, se resume en unas cuantas reglas, cuyos principios esenciales podrían ser los siguientes:

    • Conviene ligar las ideas entre dos o más frases.

    • Deben presentarse tales ideas según su importancia.

    • Es necesario evitar las faltas de sentido que resultan de no respetar el orden «lógico-psicológico» de nuestro pensamiento.

    Resumamos lo anterior en una primera regla, fundamental para el orden lógico:

    Una idea puede expresarse de diferentes modos, según la importancia de dicha idea.

    Esta regla se completa con el siguiente principio general de construcción lógica:

    Para la debida claridad de la frase, conviene que el orden de las palabras se someta al orden de las ideas.

    EJEMPLO: Mi primo Juan, ingeniero de Caminos, regaló todos sus libros a mi padre poco antes de morir.

    De acuerdo con las reglas indicadas, si en una frase precedente a la del ejemplo se habló ya de «la biblioteca de mi primo», se puede continuar así:

    Todos estos libros los regaló mi primo, poco antes de morir, a mi padre.

    Si se quiere destacar la idea de tiempo, escribiremos:

    Poco antes de morir, mi primo, el ingeniero de Caminos, regaló todos sus libros a mi padre.

    Consideraremos ahora otro ejemplo:

    Debemos contraer el hábito de trabajar desde la juventud.

    Esta frase está ordenada sintácticamente:

    1.º, sujeto: nosotros (implícito en el verbo «debemos»);

    2.º, verbo: debemos;

    3.º, complemento directo: contraer el hábito de trabajar;

    4.º, complemento circunstancial de tiempo: desde la juventud.

    Sin embargo, si lo que nosotros queríamos resaltar al escribir —el interés psicológico o idea dominante— radica en la idea de tiempo «desde la juventud», entonces el orden sintáctico de las palabras se somete al orden «lógico-psicológico» y escribimos:

    Debemos contraer, desde la juventud, el hábito de trabajar.

    O mejor aún:

    Desde la juventud, debemos contraer el hábito de trabajar.

    Ejercicios

    1. «Los alumnos aprenden fácilmente la pronunciación francesa con los discos “Linguaphone”».

    Redactemos ahora —según los principios expuestos— cuatro frases distintas, llevando al principio de cada una de ellas el concepto que se quiera destacar; y que será, en cada caso: el aprender, la facilidad, la pronunciación y los discos «Linguaphone». (Como es natural, en algunos casos las frases han de sufrir ligeras variaciones.)

    1.º El aprendizaje de la pronunciación francesa resulta fácil para nuestros alumnos con los discos «Linguaphone».

    2.º Con gran facilidad aprenden los alumnos la pronunciación francesa con los discos «Linguaphone».

    3.º La pronunciación francesa la aprenden fácilmente los alumnos con los discos «Linguaphone».

    4.º Con los discos «Linguaphone», aprenden los alumnos fácilmente la pronunciación francesa.

    2. «El automóvil pequeño, de tipo popular, es la gran preocupación de los fabricantes de coches de todos los países europeos.»

    Redactar dos frases —siguiendo las normas expuestas— destacando, en una, la «preocupación», y, en otra, el «lugar» donde se produce dicha preocupación.

    3. «Los sistemas audio-visuales ocupan en la actualidad un lugar preponderante en la enseñanza de las lenguas vivas».

    Redactar otras dos frases destacando: la idea de tiempo, en una; y la materia de la enseñanza, en otra.

    En las siguientes frases hay cierto desorden desde el punto de vista lógico. Escribir de nuevo, sometiendo el orden de las frases al de las ideas.

    • El hombre sincero confiesa las faltas que ha cometido con franqueza.

    • El crítico de arte hacía una serie de apreciaciones acerca de los cuadros expuestos, con un criterio completamente arbitrario.

    • Leal y valiente, el pastor no cuenta con mejor defensor que su perro.

    • Providencia de los pobres, todo el pueblo amaba a la señora de Martínez.

    • Los grandes hombres también tienen defectos censurables en su carácter.

    • El delantero centro hizo una serie de fintas sobre el césped con gran habilidad.

    La cohesión en el párrafo y las frases desordenadas

    LA COHESIÓN. Donde verdaderamente tiene importancia el orden lógico (interés psicológico), no es en la frase unitaria, sino en el párrafo o período. Todo lo expuesto en el tema anterior sirve de precedente a la siguiente regla de construcción lógica:

    Para conseguir la debida cohesión en un párrafo o período, debe procurarse ligar la idea inicial de una frase a la idea final de la frase precedente o a la idea general.

    EJEMPLO: El edificio incendiado era un chalet de lujo. El fuerte viento reinante avivaba las llamas y les daba una espantosa intensidad.

    ¿Cuál de las dos frases siguientes liga mejor con la expuesta?:

    • … El salvamento de los habitantes del chalet tuvo que hacerse en medio de este brasero ardiente.

    • … En medio de este brasero ardiente, tuvo que hacerse el salvamento de los habitantes del chalet.

    Sin duda alguna, la segunda frase «en medio de este brasero ardiente» liga mejor, más lógicamente, con la «espantosa intensidad de las llamas».

    Ejercicios

    De acuerdo con lo expuesto, ordene lógicamente los siguientes párrafos. (Fíjese en la idea fundamental del periodo, o bien en la idea expresada en la frase inicial. Es decir, tener en cuenta el orden lógico y el interés psicológico):

    1. Cuando reventaron las tuberías de la casa se produjo una gran confusión entre los vecinos. El agua corría por todas partes: las habitaciones estaban convertidas en pequeñas lagunas… Todos gritaban y daban órdenes; pero nadie se entendía.

    2. El ladrón corría por las calles, blandiendo una enorme navaja y sembrando el pánico entre los transeúntes. La policía corría tras él y, varias veces, estuvo a punto de darle alcance. La gente se apartaba al paso del enfurecido y peligroso delincuente. Hubo algunas personas que se sumaron a la policía en esta accidentada persecución.

    3. Pasamos una alegre mañana de campo: comimos, reímos y cantamos. De pronto, nos llegó una mala noticia que turbó nuestra alegría. Nuestro sano holgorio no iba a durar mucho.

    4. Era un paisaje de una desolación profunda. Fernando se detuvo allí y quedó pensativo, absorto, la respiración contenida. No se veía un árbol, ni una persona, ni siquiera un perro.

    5. Fue anochecido. Se levantó un vientecillo agradable y fresco. Parpadearon las primeras estrellas. Las luces del crepúsculo se fueron extinguiendo, apagándose.

    6. A la mañana siguiente, se comentaba el asesinato en toda la ciudad. La policía no descansaba en la búsqueda del asesino. La Guardia Civil ayudaba a las pesquisas. La gente se asombraba de que alguien hubiera sido capaz de matar a un niño inocente. No se hablaba de otra cosa.

    FRASES DESORDENADAS. Estudiemos ahora el problema que nos plantean las frases desordenadas porque no se tuvo en cuenta la importancia de los elementos que entran en su composición, es decir, porque el orden de las palabras no se sometió al orden de las ideas.

    EJEMPLO: El maestro obligó a todos los alumnos a someterse al examen médico, por orden de la superioridad.

    En realidad, debió escribirse:

    Por orden de la superioridad, el maestro obligó a todos los alumnos a someterse al examen médico.

    Otro ejemplo: El teniente Martínez tuvo que tomar el mando del batallón cuando mataron al comandante López y al capitán García.

    Mejor escrito: Cuando mataron al comandante López y al capitán García, el teniente Martínez tuvo que tomar el mando del batallón.

    NOTA: En realidad, y téngase ello muy en cuenta, estas reglas son un tanto elásticas. No es preciso seguirlas siempre. A veces, la construcción lógica debe ceder ante la sintáctica o la armoniosa. Por consiguiente, en los ejercicios que van a continuación, el alumno volverá a ordenar sólo aquellas frases cuya corrección le parezca imprescindible. Y lo será siempre que el orden expuesto no exprese con claridad lo que se quiere decir. Si es así, escriba la frase lo más lógicamente posible.

    Ejercicios

    1. El número de cuartillas que tenía que escribir eran unas cincuenta, según calculé después.

    2. Las ciudades antiguas estaban situadas en las proximidades de los ríos o en lo alto de las montañas, dicen los historiadores, por necesidades de tipo comercial o para su mejor defensa.

    3. Luis estuvo en Granada a la vuelta de un largo viaje por todo el Sur de España.

    4. La choza empezó a caerse a pedazos a causa del temporal reinante.

    5. El Barcelona puede ganar el campeonato de Liga si no tiene bajas importantes en su actual alineación.

    6. Hubo muchos heridos; algunas mujeres quedaron magulladas y dos niños fueron pisoteados cuando se incendió el autobús.

    7. El sereno vigilaba los alrededores de la casa incendiada, armado de su chuzo, mientras se esperaba la llegada de los bomberos.

    8. Las aguas potables fluorizadas disminuyen las caries dentales dicen los expertos de la OMS, según recientes datos estadísticos.

    9. Luis hizo muy bien en presentar la dimisión de su cargo, tal es mi opinión, si lo que se cuenta es verdad.

    10. Un lobo entró en el gallinero, se comió dos pollitos y mató a tres gallinas, mientras nosotros dormíamos a pierna suelta.

    El relativo «que» y su antecedente

    Como complemento de lo estudiado en los temas anteriores acerca de la construcción lógica, debe tenerse en cuenta la siguiente regla:

    El pronombre relativo debe colocarse cerca de su antecedente.

    EJEMPLO: Señalaré un capítulo en este libro que me parece muy interesante.

    Escríbase, mejor: Señalaré en este libro un capítulo que me parece muy interesante.

    Observaciones

    A veces no resulta fácil colocar el relativo inmediatamente después de su antecedente. En tal caso, si el empleo de «que», «cual», «cuyo», etc., fuese causa de equívoco, se recomienda sustituirlo por «el cual», «del cual», etc., o bien se repite el antecedente o, simplemente, se da otro giro a la frase.

    Al decir, «Hay una edición de este libro que resulta muy agradable por su impresión», si queremos colocar el relativo «que» inmediatamente después del antecedente «edición», tendríamos que escribir:

    Hay una edición que resulta muy agradable por su impresión de este libro.

    En este caso, el remedio ha sido peor que la enfermedad —como suele decirse—. Por tanto, podríamos escribir:

    Hay una edición de este libro, la cual resulta muy agradable por su impresión.

    O también: De este libro hay una edición que resulta muy agradable por su impresión.

    Dado que ninguna de las variantes nos agrada (la última rima en «-ón»), lo mejor en este caso sería dar otro giro a la frase. Por ejemplo: «Hay una edición de este libro, muy gratamente impresa». Hemos suprimido el relativo «que» y así hemos salido del atolladero más fácilmente.


    Fuente original: Gonzalo Martín Vivaldi, «Construcción lógica: el orden de las palabras y el orden de las ideas», en Curso de redacción, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1980, pp. 83-93.

  • El orden sintáctico

    Orden de las palabras y construcción de la frase

    Para construir una frase hay que tener en cuenta los principios sintácticos, el orden lógico y la construcción armoniosa.

    Adviértase, no obstante —y la advertencia requiere especial atención—, que, en castellano, la construcción de la frase no está sometida a reglas fijas, sino que goza de libertad, de holgura. Libertad no quiere decir libertinaje, ni la holgura indica una desconexión arbitraria entre los elementos de la frase.

    En realidad, al escribir, manda el interés psicológico. Nadie escribe pensando en las reglas sintácticas, como nadie, al pensar, tiene en cuenta las reglas de los silogismos.

    «El escritor —dice Martín Alonso— que produce sus ideas de un modo íntimo y vital y redacta por instinto o por reflexión, fabrica las frases a tenor de sus fenómenos mentales, cambiando, a veces, la distribución directa de los vocablos, para dar más valor expresivo o ritmo a determinadas formas del lenguaje».

    A pesar de todo, conviene insistir —detenerse— en la construcción sintáctica, para facilitar la labor del alumno en los momentos de duda al redactar.

    La construcción sintáctica es la que ordena los elementos de la frase, según su función gramatical: 1.º, el sujeto; 2.º, el verbo; 3.º, el atributo o los complementos: a) directo, b) indirecto y c) circunstancial.

    EJEMPLO: Sujeto Isabel II, reina de Inglaterra,

    Verbo ha concedido,

    Complemento directo la independencia

    Complemento indirecto a Ghana

    Complemento circunstancial… no hace mucho tiempo.

    EJERCICIOS

    Ordene sintácticamente las frases que van a continuación, cuyos elementos fundamentales van separados con guiones para facilitar la labor.

    • Para un niño pobre – Luis, el hijo de la portera – ha entregado – todos sus ahorros.

    • Contra un árbol de la carretera – chocó – el coche de mi hermano – violentamente.

    • En un escenario giratorio – las bailarinas de la Compañía X – «El amor brujo», de Falla – interpretaron.

    • El vampiro de Fráncfort – con un estilete puntiagudo – asesinaba – a las mujeres.

    • Ha ganado – el caballo «Loto» – la última carrera – en el Hipódromo de Madrid.

    • Los niños del Colegio – en el salón de actos del Ayuntamiento – representaron un juguete cómico.

    • Destrozaron la cosecha de aceituna – de Jaén y Córdoba – las grandes tormentas del mes pasado.

    • No ha encontrado – a los raptores – la policía – del niño Juanito Alonso.

    • La comprometida situación – la resolvió – el jefe – con gran serenidad.

    • Al estudio de todo lo relacionado con el átomo – se dedicó – el profesor – desde su niñez.

    • Doce metros de envergadura por siete de longitud – tenía – el avión.

    • En la acogedora capital de España – está situada – la Casa de Campo.

    Observaciones

    Lugar del verbo en la frase

    No obstante lo dicho acerca del orden sintáctico, nos parece oportuno recordar que, en la frase unitaria, el verbo se coloca normalmente intercalado entre el sujeto y el complemento. En cuanto a estos dos elementos, debe preceder el de mayor interés, y el otro colocarse al final de la frase. Lo que no es correcto en castellano es colocar el verbo al final de la frase. Esta construcción o es un «latinismo» o un «germanismo».

    Veamos algunas posibles combinaciones entre los elementos de una frase unitaria:

    Luis compró una bicicleta.

    Luis una bicicleta compró.

    Compró una bicicleta Luis.

    Compró Luis una bicicleta.

    Una bicicleta compró Luis.

    Una bicicleta Luis compró.

    En prosa moderna, todas las combinaciones son posibles… menos las que van en cursiva. La primera es la que obedece al orden sintáctico estudiado anteriormente.

    La anteposición más característica y frecuente en el español es la del verbo, que tiende a ocupar el primer lugar de la oración.

    «Con ello se consigue un efecto estilístico de mayor viveza, destacándose el valor de la acción que el verbo representa: LLEGÓ Pedro el primero (se destaca la acción de llegar). Este tipo de anteposición es muy frecuente y casi obligado en las frases interrogativas: “¿VENDRÁ usted mañana?”» (Criado de Val: Fisonomía del idioma español).


    Fuente original: Gonzalo Martín Vivaldi, «El orden sintáctico», en Curso de redacción, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1980.

  • La construcción de la frase y la armonía

    Hemos dicho que, en castellano, la construcción de la frase no está sometida a reglas fijas, sino que goza de libertad y holgura, y que el orden de las palabras se gobierna más por el interés psicológico que por la estructura gramatical sintáctica; por ello, aparte de las normas estudiadas de construcción sintáctica y lógica, conviene ahora tener en cuenta las reglas concernientes a la armonía de la frase.

    Primera regla: Dese prioridad al complemento más corto.

    EJEMPLO: «Corregid vuestros escritos con la máxima atención», en vez de «Corregid, con la máxima atención, vuestros escritos».

    Observará el alumno que, en este caso, la regla de armonía ha coincidido con el orden sintáctico de la frase, ya que hemos colocado inmediatamente después del verbo «corregid», el complemento directo, «vuestros escritos».

    Ejercicios

    De acuerdo con esta regla, corríjanse las frases siguientes, escribiéndolas de nuevo. No altere las frases que crea correctas:

    1. Corregid las faltas que hayáis tenido en vuestros escritos con la máxima atención.

    2. Isabel I de Castilla dio ejemplos de gran entereza de ánimo a los españoles.

    3. Este libro tiene una serie de ejemplos interesantísimos en sus páginas.

    4. Mi padre ha comprado un coche de carreras muy elegante a Luis.

    5. El leñador cortó un enorme y voluminoso tronco de encina en quince minutos.

    Segunda regla (complemento de la anterior): No se debe terminar una frase con la expresión más corta.

    EJEMPLO: «He clasificado por países todos los sellos que me regalaste», en vez de: «He clasificado todos los sellos que me regalaste por países».

    Ejercicios

    De acuerdo con esta regla, corríjanse las siguientes frases, escribiéndolas de nuevo:

    1. Le dijo que en casa del alcaide no entrase.

    2. Se ha hecho rico: es una de las grandes fortunas de la ciudad, hoy.

    3. Tengo mucha prisa: mi mujer me espera para ir al teatro a las siete.

    4. A lo lejos, el mar; y, sobre la azul superficie de las aguas, los «snipes» se divisaban.

    5. He estudiado toda la orografía del país por regiones.

    Tercera regla: Evítense la cacofonía, la monotonía, las repeticiones inútiles, las asonancias y consonancias.

    1. Cacofonía: Repetición desagradable de sonidos iguales o semejantes.

    EJEMPLO: El rigOR abrasadOR del calOR me causaba un gran dolOR.

    2. Monotonía: Empleo frecuente de muy pocos vocablos; pobreza de vocabulario.

    EJEMPLO: «Me OCUPO DE mis hijos. DE las bellezas del Quijote, DE cazar, DE política…». Lo procedente y correcto —para evitar todas estas preposiciones DE, tan repetidas—, es decir: «Me OCUPO de mis hijos, ESTUDIO las bellezas del Quijote. CAZO. Me DEDICO a la política…».

    3. Repeticiones:

    4. Asonancias y consonancias: La prosa tiene su ritmo; pero han de evitarse en ella las asonancias y consonancias, es decir, lo que en verso se llama «rima». Han de evitarse también en la prosa los períodos rítmicos cortos, casi simétricos, «que suenan a verso».

    EJEMPLO DE CONSONANCIA: «Llegó a mi OÍDO un armonioso SONIDO».

    EJEMPLO DE RITMO DE VERSO: «Gorjeaban los pájaros ocultos / en las copas oscuras de los árboles». (Valle-Inclán)

    Otro ejemplo de Valle-Inclán cuando, en «Sonata de Otoño», escribe, en prosa, la siguiente estrofa rítmica, con asonancias: «la voz de un viejo / que entonaba un cantar / y la rueda de un molino / resonaba detrás».¹

    Ejercicios

    En las siguientes frases subraye las cacofonías, los elementos que producen monotonía y las asonancias. Separe con barras (/) los períodos con ritmo de verso.

    1. La carretilla de Carmen no cabía en la cabina.

    2. Es penoso pensar que Pedrito no perciba el peligro de jugar a la pelota en la calle.

    3. Según tú, no debo secundar a Luis, porque seguramente que se ha equivocado al seleccionar sus pruebas de semilla.

    4. Cualquiera puede llegar a ser un gran hombre, sin estar dotado de un gran talento ni de un ingenio superior, con tal que tenga un juicio sano y una cabeza bien organizada.

    5. Hay el talento natural y el talento adquirido; el talento para las ciencias y el talento para las artes. Y también el talento para vivir sin dar golpe.

    6. Para aliviar al contribuyente, es preciso hacer grandes rebajas y grandes reducciones en los presupuestos; y también conviene dar al pueblo grandes facilidades para el comercio y para que se funden grandes industrias.

    7. «Al verla discutiendo las condiciones de un caballo de carreras no se sabía si era una dama rastacuera, o una aventurera». (Valle-Inclán: «Cofre de sándalo».)

    8. «En las tardes doradas, paseando en la solana y durante las noches largas, bajo el temblor de la vela que se derrama». (Valle-Inclán: «La guerra carlista».)

    9. «¡Con cuánto dolor ahora, cosas piadosas, os dejo para tornar viejo y triste al lugar donde nací!» (De Ricardo León.)

    10. «Antes de irme, he sentido pasar por mi frente un soplo de terror». (De Ricardo León, en «Comedia sentimental».)

    Para Albalat la armonía radica «en el sentido musical de las palabras y de las frases y en el arte de combinarlas de un modo agradable para el oído».

    Es indudable que, frente a los que sostienen que cada cual escribe como quiere (romanticismo impresionista), sigue siendo verdad que la armonía es el gran secreto de los grandes escritores, una cualidad esencial del arte de escribir. Nuestro Cervantes es un buen ejemplo de ello. Y como demostración, basta releer el discurso de D. Quijote a los cabreros (cap. XI de la I parte de la inmortal obra), donde la profundidad de pensamiento va expresada en frases de limpia y musical armonía:

    …En las quiebras de las peñas y en los huecos de los árboles formaban su república las solícitas y discretas abejas, ofreciendo a cualquiera mano, sin interés alguno, la fértil cosecha de su dulcísimo trabajo…

    Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia; aún no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera Madre, que ella, sin ser forzada, ofrecía por todas las partes de su fértil y espacioso seno lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a los hijos que entonces la poseían.

    La armonía —según Albalat— se funda en el genio de la lengua, en las exigencias del oído, que también tiene su gusto como la imaginación tiene el suyo.

    Y de este autor es la regla que a continuación damos:

    «Hay que abstenerse de toda rudeza en el sonido, de todo tropiezo, de toda disonancia marcada, salvo que, para mantener estos sonidos o palabras, haya razones de relieve, de originalidad u otros motivos de belleza literaria».

    EJEMPLO: «…Y extático ante ti me atrevo a hablarte». (Espronceda)

    En este verso, ya clásico, el poeta ha repetido conscientemente los sonidos en «t». Es un efecto voluntario, querido: lo que, en Preceptiva Literaria se llama «aliteración».

    En cambio, resulta antiestético la siguiente expresión:

    «No; no hay nada que Narbona no niegue cuando nosotros nos negamos».


    ¹ Ejemplos citados por Julio Casares en su obra Crítica profana.

    Fuente original: Gonzalo Martín Vivaldi, «La construcción de la frase y la armonía», en Curso de redacción, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1980, pp. 213-216.

  • XIV PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA “ENRIQUE RIUS ZUNÓN”

    Convocatoria abierta en España por Ayuntamiento de Calasparra, en la categoría de Poesía. Admite participación sin restricciones y acepta envíos por correo electrónico.

    • Género: Poesía
    • Premio: 3.000 euros, un trofeo conmemorativo, publicación de la obra ganadora y 50 ejemplares para el autor
    • Fecha de cierre: 23:04:2026
    • Abierto a: sin restricciones
    • Entidad convocante: Ayuntamiento de Calasparra
    • País de la entidad: España
    • Envío por email: Sí

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  • XLVI PREMIO IBEROAMERICANO DE POESÍA JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

    Convocatoria abierta en España por Diputación Provincial de Huelva, en la categoría de Poesía. Admite participación sin restricciones y acepta envíos por correo electrónico.

    • Género: Poesía
    • Premio: 25.000 euros
    • Fecha de cierre: 20:04:2026
    • Abierto a: sin restricciones
    • Entidad convocante: Diputación Provincial de Huelva
    • País de la entidad: España
    • Envío por email: Sí

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  • XXVII PREMIO DE POESÍA”NICOLÁS DEL HIERRO” 2026

    Convocatoria abierta en España por AYUNTAMIENTO DE PIEDRABUENA (Ciudad Real), en la categoría de Poesía. Admite participación sin restricciones y acepta envíos por correo electrónico.

    • Género: Poesía
    • Premio: 1.800 euros, publicación, 100 ejemplares para el autor
    • Fecha de cierre: 18:04:2026
    • Abierto a: sin restricciones
    • Entidad convocante: AYUNTAMIENTO DE PIEDRABUENA (Ciudad Real)
    • País de la entidad: España
    • Envío por email: Sí

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  • IV CERTAMEN INTERNACIONAL DE CUENTOS CORTOS “MÁNFER DE LA LLERA”

    Convocatoria abierta en España por Sociedad Cultural y Recreativa La Montera, en la categoría de Cuento corto. Admite participación sin restricciones y acepta envíos por correo electrónico.

    • Género: Cuento corto
    • Premio: 800 euros
    • Fecha de cierre: 17:04:2026
    • Abierto a: sin restricciones
    • Entidad convocante: Sociedad Cultural y Recreativa La Montera
    • País de la entidad: España
    • Envío por email: Sí

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  • IV CONCURSO DE NOVELETA “TARTALO GASTEIZ”

    Convocatoria abierta en España por TARTALO. SEMANA DE LO FANTÁSTICO EN LAS ARTES EN VITORIA-GASTEIZ, en la categoría de Noveleta (Cuento largo). Admite participación sin restricciones y acepta envíos por correo electrónico.

    • Género: Noveleta (Cuento largo)
    • Premio: 750 euros, diploma, trofeo, publicación
    • Fecha de cierre: 16:04:2026
    • Abierto a: sin restricciones
    • Entidad convocante: TARTALO. SEMANA DE LO FANTÁSTICO EN LAS ARTES EN VITORIA-GASTEIZ
    • País de la entidad: España
    • Envío por email: Sí

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  • Esteros: Consolidación de una poética

    Tomado de Unplash

    “Túneles”, “descensos”, “otros descensos”, son las tres partes del libro que integran Esteros, el más reciente título de Yanier H. Palao. Por cada concepto: una parte; por cada parte: varios poemas ¿o acaso un solo concepto, una sola parte, un solo poema? ¿Acaso estamos en presencia de una novela? Las clasificaciones son cada vez menos precisas. ¿Hay lirismo en este libro? Sí, del más elevado. ¿Hay una historia? Sí, de principio a fin. Una historia y un argumento, y personajes y ambientes y conflictos. ¿Entonces? No sé. Mejor preguntémosle al autor: Yanier H. Palao ¿qué se propone usted con este libro, tal vez… desconcertarnos?

    Esteros es otro intento, reconstrucción a medias, montaje, atrezo sentimental, simulación, exhumación, exceso de mí. Escaneo de la máquina de vapor el nombre Josefita. Estoy en medio de la Avenida de los Desamparados, frente a los antiguos almacenes San José. Ese es el nombre de mi madre, ahora delante de mí. La ciudad habla conmigo. No cumplí el objetivo, no se produjo la conversación. Este libro es otra forma de justificarme (p. 93). ¿Quiere decir usted que estos escritos compensan un posible diálogo con su madre? Había escrito para eso. Había cavado durante años los terrenos más duros del pensamiento. […] Pero debía hablarle. […] Esta vez tenía que hacerlo, pero no fue. Mis palabras pesaban, se trituraban en seco, se exiliaban. Mis palabras nunca salieron de la boca. Esta no fue la única vez, no hablo desde pequeño, cuando me rompieron los espejuelos y golpearon mi rostro, no hablé. No dije nada cuando un hombre de manos ásperas me quitó la camisa y besó mi cuello. ¿Qué hay en mí? Creo que un cementerio de palabras, quizá ni eso (p. 40). Veo que hay mucho dolor en lo que dice, pero, desde el punto de vista formal, ¿cómo usted privilegia esa expresión? Traducir, llevar al lenguaje escrito, ese ha sido mi empeño diario. Más que palabras imágenes, mis textos los veo en mi cabeza, se suceden una tras otra las imágenes. La palabra es lo último, es el resumen de mis ideas, es la forma, los volúmenes, el color, el olor y, por último, puedo decir es la piel de un cuerpo (p. 70). Hablemos un poco de los referentes que utiliza en el libro, por ejemplo, el que le da título: Esteros. ¿Cómo Yanier H. Palao ve los esteros? Mi madre creció viendo esas imágenes. Escribo pensando en los enlaces que tengo con la realidad que los ojos de ella vieron. […] Estero es la palabra, me sabe a recalo, a hombres pobres, sudados, con botas llenas de lodo, caminando al lado de la línea del tren. Estero, y en los dientes de perro veo objetos muertos que otros utilizan. Estero y mi madre joven con un pañuelo en la cabeza desyerba en una tierra dura, macera cañas de azúcar, las tuerce en el aire inclinando la cabeza hacia atrás para que caigan en la boca intermitentes chorros de guarapo (p. 9-10). A mi alrededor esteros, franjas poco seguras donde se hunde todo, y quedan suspendidas en la superficie las hojas más livianas, los mantos más ligeros. El aire desprende la cabellera de los cuerpos hundidos pegados a la masa negra y gelatinosa de las costas (p. 67-68). Bueno, según cómo usted lo define, hay mucho de eso en este libro, prácticamente, el sujeto lírico vive en una suerte de esteros, sujeto lírico que no es más que usted mismo, su propia vida, según nos ha dicho. Entonces hay un vínculo directo entre los esteros y los “descensos”, esa otra parte de su libro. ¿Qué puede decirnos sobre los “descensos”? Hundirse, descender por voluntad propia al lecho del río, descender como Virginia Woolf, como descienden las manos de las señoras por los bolsillos de sus faldas de corduroy –gastado– para sacar una imagen de la virgen de la Caridad del Cobre y besar la foto al centro. Hundirse, para llegar a la muerte (p. 17). ¿La muerte, ha pensado usted en el suicidio, en la muerte? Bueno, [p]ude terminar inyectándome sida junto a Yaima Franco en aquella fiesta privada a la que asistí. Pude irme con Rafael. Él me llamó antes de que su balsa cruzara los mares. Pude hacer algo más sincero, menos tortuoso que ver cómo se despedaza mi vida en palabras. Y esas palabras (pedazos) disolviéndose en una realidad que se hunde (p. 86). ¿Viene a ser entonces la literatura, es decir esas palabras, un acto de muerte, de hundimientos que lo salvan a usted de la muerte física, el suicidio? ¿Son los “túneles”, en su libro, algún símbolo de ese salvamento? [L]a escritura solo me sirve para justificar la precariedad de mis días, para creerme que es una herencia (p. 54). Los [t]úneles, arterias por donde se llega al lugar, al hecho, a lo sucedido. Los [t]úneles son la escritura como vía, escritura en la que puedo entender toda mi existencia. […] La savia asciende por los tejidos vegetales hasta llegar a las hojas más altas, donde se convierte la luz en alimento. Quién fuera como los árboles. Quién pudiera alimentarse solo de luz (p. 37)

    Sin lugar a dudas usted posee una personalidad que entraña grandes conflictos existenciales. Tiene simpatías con algún escritor o libro en particular donde se vea usted reflejado. [L]a poesía completa de Raúl Hernández Novás y Ángel Escobar (p. 89). Bueno, Yanier, ¿y después de los esteros qué? Quedará un polvo fino y muy salado expuesto al viento. Quizá sea este el principio o el fin de todo (p. 64). Señores, Esteros, este volumen de Yanier H. Palao, con el cual, vale decirlo, consiguió el Premio Calendario en el año 2013, es un cuaderno atípico donde predominan descripciones casi crinográficas e imágenes lúcidas que atrapan la realidad de los esteros de la vida; en ellas, vaciado de sí, el autor se rencuentra. Con un tono impreciso entre lo narrativo y lo poético, logra hacer metaliteratura,1 síntoma que, sin duda, añade definiciones a una voz que ha venido creciendo en carácter y autenticidad. Podemos decir que Yanier H. Palao es un poeta que se distingue de los fueros de la poesía más reciente de la Isla.

     

    Todas las respuestas a esta entrevista son muestras de la metaliteratura del autor en su libro Esteros.

  • Miami Grand Prix

    Foto de Ahmel Echevarría

    Estas no serán mis “impronunciables memorias, las que nunca te suben a la garganta, ni siquiera cuando estás dormido. O desnudo. O deceso”. Pero a diferencia del William Saroyan o el Boris Vilniak de la noveleta Mi nombre es William Saroyan (Abril, 2006) de Orlando Luis Pardo Lazo (La Habana, 1971) me he obligado al recuento, a recordar casi con una memoria extraña cuanto he visto y vivido tras ejecutar un salto físico y mental a un nuevo barrio, ciudad, provincia, país.

    A finales de marzo la uña roja de mi GPS se encajó en la mitad de una de las tantas callejuelas curvas en Normandy Isles. Mi esposa y yo nos vimos obligados no solo a dejar el viejo apartamento de dos habitaciones en South Beach —aquel refugio fue un gesto más que benevolente de una excompañera de estudio de mi esposa—, sino también a reducirnos en espacio por la misma cantidad de dinero mensual: mil dólares que irían al bolsillo del nuevo landlord: el exesposo de nuestra antigua arrendadora.

    Subrentados en la sala de un apartamento en Normandy Isles fueron transcurriendo nuestros días en Miami. El condominio tenía un jardín con arbustos de ciruelas, mangos, guanábanas y naranjas. Paradisíaco vergel; democráticamente compartíamos las frutas con los vecinos, ardillas, mapaches y un montón de pájaros según la estación del año. Justo al lado, separados por un pinar y una valla de barrotes metálica se extendía un campo de golf. Nos costó varios meses adaptarnos al ruido de las pelotas que caían en el techo.

    Miami Beach, Florida, Estados Unidos. ¿Salto sin red? ¿Salto al vacío?

    ¿El riesgo de fundirme cual aerolito al atravesar la atmósfera de Miami y convertirme en polvo cósmico o cómico?

    Tenía como plan de fuga un programa de maestría en lengua, cultura y literatura española convoyado con una plaza de Spanish Teaching Assistant en la Universidad de Connecticut. Para eludir como mínimo el mal de ojo o cualquier imprevisto, mi esposa y yo decidimos ocultar a quien no fuera parte de nuestros cofrades en Florida cualquier detalle sobre el máster y la mudanza; ya lo había dicho José Martí en una carta a Manuel Mercado, y era el campamento de Dos Ríos, la guerra y el 18 de mayo de 1895: “En silencio ha tenido que ser, y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas”.

    ¿Se trataba de un futuro cercano con bordes romos y suaves? ¿Una red de seguridad?

    En este país todo acontece muy rápido y un máster parecía el plan perfecto para entreverarse en las duras espirales de un huracán categoría cinco. Atravesar el atroz temporal hasta llegar al ojo. En el centro de un huracán todo posee el tinte o la tesitura de la calma mientras te mantengas alejado de las paredes del ojo. Una bella y extraña calma.

    “Lo de la maestría sí que mantenlo engrasado, eso es un lujo”, me dijo una amiga. “Te juro que te ahorra por lo menos quince años. Te lo digo por experiencia, por no haberlo hecho hasta muy tarde.” La prosa de su mensaje era exacta, intensa.

    “Quince años…”, dije para mí. Incluso incluí en el mudo parlamento los puntos suspensivos. Luego volví a dar de cara contra la realidad en Miami: trabajé para un tapicero guatemalteco que nunca me pagó; más que mecánico de equipos de gimnasio fui el handyman o el utility worker del landlord que me subrentaba la sala de su apartamento.

    No es mucho ni peculiar cuanto vi, al menos no en Miami, inconmensurable pantano donde asolan el calor, la humedad, el estrés y el insomnio, y donde toman forma o sentido las mayores e inverosímiles pesadillas, esas ya vividas por otros. Son las formas del fracaso o el éxito en la empinada cuesta a trepar por todo emigrante o exiliado.

    Más de uno me ha dicho “después te reirás de todo lo que viviste”. Ante un parlamento como ese solo he podido hundir la cabeza entre los hombros y enarcar las cejas mientras siento la astilla de Cuba en el pulpejo.

    “Después te reirás de todo lo que viviste…”, recordar la frase y mirar a mi alrededor, y comparar mi presente con el año y medio vivido en Miami. Era soleado e hipercaliente aquel paisaje verde, como una vasta llanura en el mismísimo fondo de un agujero tan profundo y enorme como la Fosa de Bartlett.

    Hay en esa suerte de hoya o fosa un paisaje bucólico. Es el jardín con el ciruelo y los arbustos de mango preñaditos. Los mangos son un poco mayores que las ciruelas, unas pocas semanas después sabré de su dulcísimo sabor, también mis cofrades.

    Cuando todavía estaban verdes, con un poco de pavor pensé en la uña roja que en el GPS marcaría la posición de mi siguiente alquiler si todo iba mal o si surgía un imprevisto. ¿Dónde estaría yo cuando las frutas maduraran? Y con la misma le di Shift + Delete a la oración. No quise verla convertida en un mensaje enviado al universo desde el jardín de mi segunda renta en tan solo tres meses, pero lo cierto es que el landlord ya me había dicho al menos un par de veces: “Ahmel, una renta en Miami Beach cuesta más de 1000 dólares”, sonreía, bebíamos a su cuenta unas margaritas, los ojos cual canicas de hipermateria.

    ¿Pueden las pesadillas tomar la velocidad de un auto de Fórmula Uno en una curva cerrada?

    Miami, ciudad insomne nunca ágrafa. Aquí, los signos gráficos convertidos en símbolos se multiplican en un mensaje que es uno y muchos. Su efecto tiene la forma del deseo, de mi deseo, man made (in)tangible materials.

    En Miami las historias más vendidas tienen pocos caracteres. Este tipo de (non)fiction nunca llega al lector impresa en libros o suplementos literarios, ni siquiera en formato ePub. ¿Es la verdadera literatura made in Miami? Ese escritor de advertisements es un Augusto Monterroso mucho más ingenioso y letal. Y su lector ideal siempre tendrá la forma de un posible cliente. Cuando al día siguiente ese sujeto despierte, el mercado y el deseo ya estarán allí.

    ¿Pueden acabar tan mal las pesadillas que adoptan la forma y el sentido del éxito una vez el destinatario de los advertisements esté dormido, desnudo o deceso?

    Entonces ocurre el atroz sonido del corcho al salir disparado del cañón de cristal. Falsa botella de champán. Celebración en burbujas.

    El Google Maps ubicó mi primer trabajo en Little River y a ese lugar le llamaban bodega o warehouse los dos sujetos que la subrentaban: el guatemalteco tapicero y mi landlord en Normandy Isles: un mexicano exfisiculturista que brindaba servicios a varios gimnasios. Para cada empleador, por separado o al mismo tiempo trabajé, o mejor: largué el bofe a cambio de cien dólares por jornada. Llegado momento supe cómo, y en forma de qué, acontecieron los pagos.

    Por lo pronto dígase Little River: ecosistema de negros en mayoría, más latinos pobres, creo. Me arriesgo a la calificación y la clasificación, aunque el mapa y el territorio sean mucho mayores que el tiempo que le dediqué a la cartografía y a la entomología, y a la velocidad con la que pueda acontecer la gentrificación.

    En la bodega debía lijar los cantos de unas planchas de playwood mal cortadas por un ingeniero venezolano de estirpe similar a la mía. Entre otros motivos, huyó de Caracas tras denunciar el robo de su motocicleta; por las malas supo que los mismos policías estaban detrás del hurto, policías que fueron arrestados tras la denuncia.

    El falso carpintero sabe que no puede regresar a Venezuela. Al cruzar la casilla de inmigración su nombre activará la venganza a manos de la policía. “Puedo amanecer en un callejón con un par de tiros en la frente, eso es muy común en mi país”, me dijo siete meses después de haberlo conocido, hacíamos una mudada en la casa de un ucraniano cuya colección de arte supuraba demasiado mal gusto y muchísimo dinero.

    Yo, falso lijador en la tapicería, graduado de ingeniería al igual que el venezolano, debía poner a punto de caramelo las planchas. Con ellas harían unas mesas subcontratadas por otra compañía para el Miami Grand Prix. Era mayo y la Fórmula Uno, era el 2024 y unas mesas que, a mí, falso lijador, me provocaban vergüenza ajena.

    En su mensaje dijo mi amiga: “créeme que tres años con solo una semana de vacaciones se sienten. Que en realidad son cinco días pagados. Tu amiga nunca se ha enterado de lo que es este país”. Ella usó emoticones, también yo.

    Aunque no somos nativos digitales nos hemos contaminado con las nuevas formas del lenguaje. Es la hiperconcentración del enunciado. Quizá el emoticón hubiera formado parte de las seis propuestas de Italo Calvino para la literatura en el nuevo milenio.

    Dadas por listas, las mesas no hubieran estado ready ni siquiera en una escena del libro Alicia en el país de las maravillas o del filme cubano Alicia en el pueblo de Maravillas. En el trasiego de las mesas siempre a contrarreloj desde el warehouse a un camión, y desde un almacén a la zona destinada al casi imposible maquillaje de los muebles, hice músculos y el ácido láctico dispersó dolor cuerpo arriba y cuerpo abajo.

    Mientras ubicaba el dolor en una zona de la cintura para que no doliera demasiado conocí a un pintor puertorriqueño. Un tipo que pinta carros. Un tipo muy mal vestido, aseguraba ser muy bueno en su negocio.

    Toda aventura que uno cree haber vivido será siempre poca cosa ante tipos como aquel. Viejo marinero del que ya no recuerdo si dijo: “fui marine y recorrí medio mundo y la otra mitad”.

    Pellejo aindiado recocinado al sol, cabello medio sucio recogido en una coleta, dientes rebajados literalmente hasta la mitad sabe Dios porqué. Dientes que miraba yo cuando el pintor de carros me hablaba de Francia, la comida y las francesas; de Cuba y la situación política, la música, las Morenas del Caribe, y entonces me mostró una foto del icono Regla Torres. La mejor voleibolista del siglo XX posaba sobre el Taraflex enfundada en el breve uniforme de combate.

    Tan pronto vi a Regla Torres pensé en Yeyín la capitana, Maestra Orión en Artes Marciales, exploradora del Cosmopalacio Intergaláctico, personaje principal de un cómic cubano de la década del 80.

    Y pensé en el diseño y utilidad de ambos uniformes. Y pensé que debía tener a Yeyín en mi Smartphone cual pata de conejo.

    Cuando entramos en la zona de confianza, aquel momento en que el pintor me habló de literatura, de sus autores preferidos y además preguntó qué tipo de literatura escribía yo, confesó que con no poca frecuencia lo visitaban marcianos. Miré sus ojos claros, sus dientes chatos y separados. ¿Eran los dientes de mascar la realidad? ¿O sus dientes se habían rebajado a consecuencia del cable que tipos como él se han tragado a lo largo de su vida?

    Tenía pruebas de esas visitas. Así casi dijo.

    Yo podría transcribir su largo relato compartido en un break, le dábamos la imposible forma final a unas blancas e impresentables mesas mal pintadas cuyo destino era el Miami International Autodrome. Pero es de buen gusto evitar las digresiones.

    En un bar de la Washington Avenue dio de cara con un sujeto pequeño que nadie más veía. Hablaron sin hablar, es decir, el marciano conversaba sin mover la boca. Aquel organismo con vida e invisible para otros sabía de la verdadera procedencia del pintor de ojos claros y dientes chatos: la Luna. Al pintor la abuela se lo confirmó.

    En la noche, provenientes del pequeño galpón en el patio de su casa, el pintor solía sentir ruidos de objetos que alguien o algo arrastraba, también ladridos. En una sola pieza quedó al asomarse por primera vez a la ventana.

    Esa noche lo vio todo. Y todo lo que observó con detenimiento volvería a suceder en más de una ocasión.

    La nave estaba en medio del cielo, no muy alta. Sí, una nave espacial. Tenía luces. Se abrió una compuerta, de la súbita oscuridad salió un brazo mecánico y una nave pequeña con marcianos, por supuesto. Él, por supuesto, no daba crédito.

    Incluso fotografió todo. O fotografió lo que pudo. Eso me dijo.

    En el break, haciendo gala de la desvergüenza o de las aptitudes del periodista que no soy le espeté sin rodeos: “déjame ver la foto…”.

    Detrás de los signos suspensivos agregué: “por favor, si no te parece mal”.

    En su iPhone las vi. Eran imágenes medio oscuras, fotografías de un aparatejo similar a las naves espaciales dibujadas por Carlos Alberto Masvidal en las páginas centrales de la revista cubana Juventud Técnica. Las comparaba en los ya lejanos 80.

    Siendo poco más que un adolescente solía comprar El Caimán Barbudo, Dedeté, Palante, Sputnik, Cómicos, ¡Aventuras! Son, o fueron, la variante impresa de una Cuba material, de un cándido relato donde había de todo menos ingenuidad, y si la había estaba inoculada en la testa de sujetos como yo o de mis cofrades del reparto Altahabana, a quienes el vendedor de revistas y periódicos nos guardaba las nuevas entregas de cada revista que comprábamos.

    Era la nave un aparatejo con formas cuadradas, luces y claraboyas rectangulares levantado del suelo. Un armatoste sin swing, sin marcianos al volante. Los avistamientos nunca tienen la forma que en las películas suelen lucir las naves espaciales, y el dolor en mi cintura ha seguido ahí, en la curva que gira a la derecha, y el registro de los avistamientos suele ser un documento deslavado de emoción.

    Vista la foto volví a pensar en Regla Torres, pero sobre todo en Yeyín.

    “Uno no puede más que decir algo de lo que sabe o ha experimentado”, me dijo mi amiga en el chat. Apenas puedo balbucear algo sobre Little River, sobre los negros que van cambiando el environment de los ómnibus New Flayer refrigerados que surcan la 79 St. mientras se alejan de Miami Beach, o balbucear algo acerca de los homeless y drogadictos —acaso la misma condición en un solo cuerpo en no pocas ocasiones—, o de los latinos que van y vienen en silencio, en su burbuja, rumiando un cansancio más histórico que bíblico que no se mitiga con una semana de vacaciones con solo cinco días pagados.

    En Miami mi amiga vivía muy bien, al interior de una familia adorable, pero con otra mentalidad, eso confesó. Decidió subir al norte: “Aquí ha sido otra cosa, no ha sido fácil, pero me sacudí de encima lo peor de Cuba, en mentalidad familiar y política. Ahora Miami es un poco diferente, pero que vengan al norte con ese apoyo de la maestría es mucho mejor. Liberador.”

    Desde el fondo de la Fosa de Bartlett releí el mensaje y tomé notas. Miraba el jardín, es decir, dentro de las paredes de mi cabeza mentalmente cambiaba la sala del apartamento en Normandy Isles por el verde que estallaba bajo el sol en la forma de un cerezo, dos arbustos de mango, otro de naranjas dulces, un pinar. Las pelotas de golf, caídas como proyectiles en el jardín desde el otro lado de la valla que nos separaba de un condominio con dos entradas de acceso restringido, me recordaban no solo la fragilidad de las persianas de cristal.

    Mientras tecleo este párrafo, de una sien a la otra atraviesa un gato amarillo de rabo corto; aparecen y desaparecen las mesas horribles que fueron aceptadas porque ya no había tiempo de subcontratar a alguien solo un poco más hábil que el tercio de hombres bajo el mando del guatemalteco tapicero y del mexicano exfisiculturista. Y estalla breve el dolor en mi cintura, también pasa un hombre de 79 años, cubano, renqueante, tres balazos en el cuerpo cuando era un tipo de mediana edad y custodiaba detenidos para ser enjuiciados en la corte. Lleva una pistola en la cintura y un cuchillo comando, el viejo tiene una perra de muy mal genio.

    Durante el tiempo que trabajé para el guatemalteco y el mexicano, ese hombre vivió en un engendro que llamaba tráiler. Fue mecánico del Aeropuerto José Martí. Le tomé afecto y ha vivido mil y una historias, en una de ellas rescató a la única sobreviviente de un accidente aéreo a pocos metros del Aeropuerto José Martí; en la otra es el autor de un supuesto atentado al exministro del interior Ramiro Valdés.

    Por alguna razón que desconozco ese hombre me recordaba a mi padre, fallecido repentinamente en Cuba a las pocas semanas de mi caída cual aerolito en South Beach. En el cuerpo de mi padre no había rastros de cáncer, y guiado por mí escribió un libro de memorias.

    Mi padre: salió vivo de Girón; era casi un adolescente en las filas del Batallón de la Policía Nacional Revolucionaria.

    Mi padre: oficial de Seguridad del Estado; no murió ahogado al caer, de noche, en una piscina durante un temporal en la Sexta Cumbre de los Países No Alineados.

    Mi padre: paciente librado de una trombosis y de un infarto cerebral.

    Mi padre: pasajero afortunado tras un accidente de tránsito en un Volkswagen 181 o un Citroën Mehari.

    Mi padre además esquivó el COVID. Con mi ayuda, en la segunda mitad del confinamiento escribió sus memorias sobre Girón, pero no sobrevivió a una intoxicación mezclada con una virosis y anemia en 2024.

    “Falta de medicinas y comida…”, me he dicho más de una vez mientras pienso en la muerte de mi padre, anciano que batallaba contra el agotamiento de un cuerpo vencido por el hambre y la deshidratación.

    Mi padre, al que no pude ver a lo largo de su enfermedad, tampoco en la funeraria.

    En nuestro último encuentro nos despedimos con un abrazo. La voz entrecortada, la de ambos. Bajo el umbral de su apartamento dijo “viste, no lloré”. Pero yo vi sus ojos medio anegados. En la larga conversación además dijo: “lo mejor que puedes hacer es irte…”.

    Habló con la franqueza de un padre y con la experiencia de un exoficial de la Seguridad del Estado que durante años trabajó con su uniforme verde olivo en el Ministerio de Cultura. Mi padre había leído mis libros y esperaba por el manuscrito de mi novela “Los perros”, la trama se desarrolla en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), el archipiélago de campos de trabajo forzado construidos por el Gobierno Revolucionario en las llanuras de Camagüey.  

    Para seguir entendiéndolo todo tendré que escribir sobre el anciano renqueante, de 79 años, cubano, que pasaba el día trabajando entre hierros con una pistola y un cuchillo comando en la cintura.